Sobre las nubes



 

En estos días de mucha lluvia en El Salvador he pensado que no he visto un amanecer con aquellos colores radiantes y hermosos característicos para el tiempo en el que estamos, sin embargo, un día viendo las noticias de la mañana me di cuenta de que en realidad no es que no hayamos tenido amaneceres con colores radiantes, sino que el cielo ha estado tan nublado que no es posible verlo desde la altura en la que está mi casa.

El noticiero mostró que al llegar a una altura un poco más de 1200 metros sobre el nivel del mar, había un sol radiante y esplendoroso, unos colores preciosos que se posaban sobre los cerros y volcanes cercanos, y fue allí  justamente cuando Dios me dijo:

 

“Es que todo se trata desde dónde lo veas”

 

En este año todo parece estar moviéndose muy rápido hacia una dirección quizás inesperada, el pasado mes de febrero me quedé sin trabajo debido a la cancelación en el mundo de todos los proyectos de USAID, por más de 6 meses estuve aplicando a diferentes ofertas de trabajo y participé en muchas entrevistas de las que no tuve nunca una respuesta positiva o en algunas ocasiones, no recibí ninguna respuesta. 

Fue allí dónde vino la frustración, pasar horas buscando ofertas de trabajo, ordenando una y otra vez el currículo porque con las nuevas tecnologías de lectura rápida que ofrece la inteligencia artificial, es necesario hacer ajustes cada vez que se aplica y entonces había una voz que llegaba una y otra vez que decía: 

“Marina, la situación es complicada”.

 

En medio de esto, sabiendo que Dios me había llevado a esta prueba de la mano, yo sabía que no había circunstancia que pudiera vencer al poder y la voluntad de Dios al respecto de mi situación, yo estaba plenamente convencida de que Dios quería desarrollar algo en mí, pero que el milagro en su momento llegaría, aunque muchas veces mi mente me jugaba al lado contrario.

¿Pero por qué si mi certeza era tan grande me sentía tan frustrada? 

Era porque estaba viendo mi situación desde una altura baja, más baja que la que tengo desde mi casa al ver el amanecer; yo estaba viendo mi situación desde la perspectiva equivocada, desde la perspectiva que todo era negativo y que salir de esa situación dependía solamente de mí.

 

¿Por qué las cosas las vivimos dependiendo de dónde las veamos?

Porque si nos enfocamos en lo negativo las cosas serán negativas y traerán frutos negativos en nuestra vida, pero si lo vemos desde la perspectiva divina, es cuando suceden los colores radiantes.

Lo primero que me enseñó Dios es que tengo que ser agradecida porque todo es una bendición , y qué irónico se escucha cuando tenemos problemas que nos superan; cuando hay carencia económica, cuando hay enfermedades, cuando hay problemas familiares o quizás cuando todo eso se junta, pero debemos entender que sólo el hecho de estar respirando esta mañana y tener a Dios a nuestro lado es una bendición que no tiene medida y aún más, es quizás lo mínimo que otros quisieran tener.


Y segundo, debemos tener claro que en esa prueba no vamos solos, vamos de la mano de Dios y su presencia es capaz de llevarnos a alturas que no hemos imaginado, a ver la situación sobrepasando las nubes e iluminarnos con esa luz suya que como el sol, nos da el calor suficiente para seguir en el camino.

¿Y si la situación no se resuelve pronto? ¿Si tengo ganas de tirar la toalla?

Renueva tu mente todos los días, renueva tu vista y sobre todo pídele a Dios que te aumente la fe. 

Por mucho tiempo tuve miedo de hacer esta petición en particular, porque sabía que la prueba vendría, pero ahora que la tuve que hacer, me di cuenta que Dios estaba de mi lado y lo que yo no podía hacer, Él si podía, pero era necesario estar conectada constantemente en su presencia.

No hay quizás enseñanza mas grande en este año que lo que me dijo una conocida de mi comunidad: “Hay que dejarle el control a Dios”.

Aún sigo aprendiendo, pero eso es lo que Dios me ha mostrado hoy, pido a Dios un milagro para ti que lees esto, pero sobre todo también le pido que disfrutes de lo que tienes hoy y lo veas desde una altura que te permita sobre pasar las nubes y la niebla.

 Y mientras iban, quedaron limpios de su enfermedad.  Uno de ellos, al verse limpio, regresó alabando a Dios a grandes voces, y se arrodilló delante de Jesús, inclinándose hasta el suelo para darle las gracias. Este hombre era de Samaria. Jesús dijo:

—¿Acaso no eran diez los que quedaron limpios de su enfermedad? ¿Dónde están los otros nueve? ¿Únicamente este extranjero ha vuelto para alabar a Dios?

 Y le dijo al hombre:

—Levántate y vete; por tu fe has sido sanado.

San Lucas 17:14-19


Y cuando el milagro que pides llegue, no sigas directo en tu camino, recuerda regresar para darle gracias a aquel que obró para ti.

 

¡Esfuérzate y sé valiente!


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