Existen algunas cosas que me parecen muy difíciles de comprender acerca del comportamiento humano, uno de ellos es el racismo en cualquiera de sus expresiones, es muy difícil de entender cómo un ser humano puede despreciar a otro porque es diferente a él.
La RAE define el racismo como:
“Exacerbación del sentido racial de un grupo étnico que suele motivar la discriminación o persecución de otro u otros con los que convive”
La discriminación y la persecución de los grupos raciales ha dejado heridas profundas en nuestra humanidad, conocemos casos famosos como el genocidio de 6 millones de judíos durante la ocupación nazi en la segunda guerra mundial, la toma de esclavos durante la conquistas en la historia, la segregación racial que hubo en Estados Unidos que determinaba espacios, servicios y leyes diferentes de acuerdo a su descendencia y la cual se ha visto de nuevo en el ojo público durante este año por el asesinado de George Floyd y también el caso del racismo sudafricano o también llamado régimen apartheid (segregación en afrikáans) el cual fue impuesto por la minoría neerlandesa sobre la mayoría de población local.
Éste último fue quizás uno de los más sonados ya que además de que fue un régimen amplio que incluía discriminación política, económica, social y racial, también contaba con un representante muy famoso llamado Nelson Mandela quién se convirtió en presidente después de las primeras elecciones libres de la que hoy conocemos como la nación arcoíris.
Mandela, era abogado de profesión, se preparó y luchó durante muchos años en contra del apartheid, fue encarcelado en el año de 1962 por los cargos de incitación a huelga de los trabajadores y dejar el país sin permiso, posteriormente fue juzgado en el conocido proceso de Rivonia y fue encontrado culpable por sabotaje y conspiración en contra de dicho régimen y pasó 27 años tras las rejas en condiciones precarias. Era conocido por sus ideales, uno de sus discursos más famosos la dijo cuándo fue condenado durante este proceso:
“Siempre he atesorado el ideal de una sociedad libre y democrática en la que las personas puedan vivir juntas en armonía y con igualdad de oportunidades. Es un ideal para el que he vivido, es un ideal por el que espero vivir, y si es necesario, es un ideal por el que estoy dispuesto a morir”
Al ganar las elecciones, al contrario de lo que los demás hubieran pensado, no reaccionó de la misma manera que los representantes del régimen apartheid, sino que su discurso de que todas las personas pudieran vivir juntas en armonía se hizo realidad. Aparte de los cambios grandes en la política, en la economía y en la sociedad, también hizo cambios pequeños como incluir 7 colores diferentes en la bandera para representar la diversidad cultural, estableció 11 lenguas oficiales en el país y durante sus entrevistas solía siempre llamar a la paz y la reconciliación:
“Hemos de tener claro que todos compartimos una humanidad común y que nuestra diversidad en todo el mundo es la mayor fortaleza de nuestro futuro conjunto”
¿Inspirador no?
Conozco su historia hace años y sin embargo con todo lo que está sucediendo ahora, volví a leerla por invitación de Dios quién al final me hizo una pregunta muy fuerte, ¿Habrá terminado la discriminación o sólo discriminamos por cosas diferentes?
A ninguno de nosotros nos gusta sentirnos perseguidores y sin embargo Dios me hacía reflexionar de algunas conductas negativas que tenemos inclusive a nivel espiritual y es por eso de que hoy quiero compartirlas contigo, con el único fin de tener un examen de conciencia adecuado en el que reconozcamos que, así como tenemos una humanidad en común, también compartimos la condición de pecador porque el único ser incorruptible es Dios y sólo de Él podemos obtener la redención.
1. Cambio de nuestra tradición
¿Por qué tus discípulos desobedecen la tradición de nuestros antepasados? ¿Por qué no cumplen con la ceremonia de lavarse las manos antes de comer?
San Mateo 15:2
Más de alguna vez hemos visto este versículo en el que se nos cuenta cómo los fariseos cuestionaron a Jesús por la forma de actuar de sus discípulos y es que pueda ser que ahora no discriminemos por el color de piel como lo han hecho muchos a lo largo de la historia, pero sí lo hacemos cuándo las personas actúan y piensan diferente a nosotros.
En estos días de pandemia en nuestros países, hemos visto las interminables olas de mensajes entre los políticos y sociedad civil acerca de lo que suponemos que deberíamos de hacer para salir de esta situación. Creo que no está mal que levantemos nuestra voz para dar nuestra opinión, pero quizás debemos detenernos a pensar en cómo lo hacemos.
¿Queremos que el otro piense cómo yo porque pienso que tengo la razón o quiero ser parte de una solución?
Cada opinión, si no rompe los mandamientos que Dios nos ha dejado, puede ser correcta aunque no sea exactamente igual a la nuestra. Nelson Mandela solía hablar de la riqueza que trae la diversidad para encontrar una solución común y es que así cómo son de diversos los humanos así son los pensamientos y formas de actuar, hemos sido creados a imagen de Dios y por esto es normal que seamos tan diferentes para hacer las cosas, porque Dios no es un patrón para replicar.
¿Qué debemos hacer?
Antes de emitir cualquier juicio en contra de mi hermano debo ser humilde, escuchar su opinión y tratar de ver las cosas que tenemos en común para encontrar una solución. Si nuestras opiniones son completamente contrarias debemos evitar las discusiones estériles y si hay algo que no está bien porque está en contra de los mandamientos de Dios entonces tratamos de corregirlo, pero con amor y mucha paciencia.
“El propósito de nuestra instrucción es que nos amemos unos a otros con el amor que proviene de un corazón limpio, de una buena conciencia y de una fe sincera. Algunos se han desviado de esto y se han perdido en inútiles discusiones”
1 Timoteo 1:5-6
2. Mirar la paja en el ojo ajeno
“Y si no te das cuenta del tronco que tienes en tu propio ojo, ¿cómo te atreves a decir a tu hermano, Hermano, déjame sacarte la astilla que tienes en el ojo? ¡Hipócrita!, saca primero el tronco de tu propio ojo, y así podrás ver bien para sacar la astilla que tiene tu hermano en el suyo”
San Lucas 6:42
Todos sin excepción hemos padecido algún momento de la enfermedad de ver la paja en el ojo ajeno y debo admitir con mucha vergüenza que esto es más común cuándo nuestro camino y conocimiento de Dios es amplio; solemos discriminar a la gente cuándo vemos algún pecado en ellos que quizás nosotros no cometemos. Pero déjame aclarar una cosa, el hecho que alguien tenga un pecado diferente al tuyo no te hace menos pecador ya que cuándo Dios le dio a Moisés los diez mandamientos no hubo ninguna clasificación entre ellos.
Jesús nos dio una enseñanza de esto con el episodio de la mujer adúltera; los fariseos y escribas le llevaron a una mujer que fue descubierta en adulterio y a la que se debía aplicar la ley impuesta en el antiguo testamento, sin embargo, Jesús les dijo:
“Luego, como seguían preguntándole, se enderezó y les dijo: Aquel de ustedes que no tenga pecado, que le tire la primera piedra”
San Juan 8:7
Antes de afirmar que tu hermano está equivocado debes hacer un examen de consciencia, ante Dios todos hemos pecado de alguna u otra manera y sin embargo Él nos ha mostrado su misericordia y compasión, lo cual debe invitarnos a nosotros a hacer lo mismo con ellos.
"Y le preguntó: —Mujer, ¿dónde están? ¿Ninguno te ha condenado?
Ella le contestó: —Ninguno, Señor.
Jesús le dijo: —Tampoco yo te condeno; ahora, vete y no vuelvas a pecar"
San Juan 8:10-11
3. Lavar los pies de tus discípulos
“Cuando Jesús iba a lavarle los pies a Simón Pedro, éste le dijo: Señor, ¿tú me vas a lavar los pies a mí?"
No creo que exista alguien tan humilde como Jesús, él nos enseñó que a pesar de que tenía acceso a la sabiduría de Dios y que nos precedía en tiempo ya que existía desde la eternidad, también se vio servidor y amigo de sus discípulos y eso es a lo que estamos llamados hoy.
Antes de actuar orgullosamente cuándo sabemos algo que otros no saben, en lugar de juzgarlos debemos enseñarle con paciencia y con amor.
"Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque os he dado a conocer todo lo que he oído de mi Padre”
2. Mirar la paja en el ojo ajeno
“Y si no te das cuenta del tronco que tienes en tu propio ojo, ¿cómo te atreves a decir a tu hermano, Hermano, déjame sacarte la astilla que tienes en el ojo? ¡Hipócrita!, saca primero el tronco de tu propio ojo, y así podrás ver bien para sacar la astilla que tiene tu hermano en el suyo”
San Lucas 6:42
Todos sin excepción hemos padecido algún momento de la enfermedad de ver la paja en el ojo ajeno y debo admitir con mucha vergüenza que esto es más común cuándo nuestro camino y conocimiento de Dios es amplio; solemos discriminar a la gente cuándo vemos algún pecado en ellos que quizás nosotros no cometemos. Pero déjame aclarar una cosa, el hecho que alguien tenga un pecado diferente al tuyo no te hace menos pecador ya que cuándo Dios le dio a Moisés los diez mandamientos no hubo ninguna clasificación entre ellos.
Jesús nos dio una enseñanza de esto con el episodio de la mujer adúltera; los fariseos y escribas le llevaron a una mujer que fue descubierta en adulterio y a la que se debía aplicar la ley impuesta en el antiguo testamento, sin embargo, Jesús les dijo:
“Luego, como seguían preguntándole, se enderezó y les dijo: Aquel de ustedes que no tenga pecado, que le tire la primera piedra”
San Juan 8:7
Antes de afirmar que tu hermano está equivocado debes hacer un examen de consciencia, ante Dios todos hemos pecado de alguna u otra manera y sin embargo Él nos ha mostrado su misericordia y compasión, lo cual debe invitarnos a nosotros a hacer lo mismo con ellos.
"Y le preguntó: —Mujer, ¿dónde están? ¿Ninguno te ha condenado?
Ella le contestó: —Ninguno, Señor.
Jesús le dijo: —Tampoco yo te condeno; ahora, vete y no vuelvas a pecar"
San Juan 8:10-11
3. Lavar los pies de tus discípulos
“Cuando Jesús iba a lavarle los pies a Simón Pedro, éste le dijo: Señor, ¿tú me vas a lavar los pies a mí?"
San Juan 13:6
No creo que exista alguien tan humilde como Jesús, él nos enseñó que a pesar de que tenía acceso a la sabiduría de Dios y que nos precedía en tiempo ya que existía desde la eternidad, también se vio servidor y amigo de sus discípulos y eso es a lo que estamos llamados hoy.
Antes de actuar orgullosamente cuándo sabemos algo que otros no saben, en lugar de juzgarlos debemos enseñarle con paciencia y con amor.
"Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque os he dado a conocer todo lo que he oído de mi Padre”
San Juan 15:15
¿Qué pasa si el que ha sido discriminado por estas situaciones soy yo?
Nelson Mandela no fue el único que trabajo en base a la unidad, sino también lo hizo Marthin Luther King, quién decía:
"La oscuridad no puede expulsar a la oscuridad: sólo la luz puede hacerlo. El odio no puede expulsar al odio: solo el amor puede hacer eso"
No podemos lograr un cambio tomando la actitud que tanto nos ha dañado, sino se vuelve un ciclo sin fin, debemos aprender a perdonar y demostrar que los verdaderos cambios suceden cuándo decidimos liberarnos del odio y enfocarnos en lo que tenemos en común como humanos.
Nelson Mandela no fue el único que trabajo en base a la unidad, sino también lo hizo Marthin Luther King, quién decía:
"La oscuridad no puede expulsar a la oscuridad: sólo la luz puede hacerlo. El odio no puede expulsar al odio: solo el amor puede hacer eso"
No podemos lograr un cambio tomando la actitud que tanto nos ha dañado, sino se vuelve un ciclo sin fin, debemos aprender a perdonar y demostrar que los verdaderos cambios suceden cuándo decidimos liberarnos del odio y enfocarnos en lo que tenemos en común como humanos.
¿Lograste identificarte con alguna de estas cosas?
No te preocupes, desde el momento en que reconociste que eso no estaba bien, Dios lo perdonó.
“Pero si confesamos nuestros pecados, podemos confiar en que Dios, que es justo, nos perdonará nuestros pecados y nos limpiará de toda maldad”
1 Juan 1:9
No te preocupes, desde el momento en que reconociste que eso no estaba bien, Dios lo perdonó.
“Pero si confesamos nuestros pecados, podemos confiar en que Dios, que es justo, nos perdonará nuestros pecados y nos limpiará de toda maldad”
1 Juan 1:9

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