A veces el milagro eres tú

 

El deseo de Rachel Beckwith, fotografía cortesía de Charity Water

En estos días se hizo popular una imagen con una frase que decía:

“A veces los milagros son las buenas personas que se cruzan en nuestro camino”

Lo cual me hizo reflexionar acerca del hecho de cuántas veces estamos esperando que nuestros milagros sean del tipo de abrir el mar rojo como en la época de Moisés, cuando en realidad las personas a nuestro alrededor nos regalan milagros todos los días y a veces nosotros mismos podemos ser milagros en la vida de alguien más.

Esto fue justamente lo que le pasó a una población en Etiopía hace algunos años, no es un secreto para nadie que en África existen muchos problemas para que las personas puedan tener acceso a los servicios básicos como el agua potable, mientras que para nosotros está a uno pasos de nuestra sala y a un esfuerzo por abrir la llave, para ellos está a 4 horas caminando y con muchos problemas en el camino.

Etiopía, ubicado en el cuerno de África, es el tercer país más poblado de este continente y vive mayormente de la agricultura por lo que a lo largo de los años debido a las sequías en la región ha sufrido de pobreza extrema y hambrunas. Por esta condición, para los etíopes, el concepto de una “vida normal” como la conocemos no existe, los jóvenes deben de dejar la escuela para ir a traer agua y peor aún, el agua que beben proviene de ríos contaminados lo que provoca grandes consecuencias en su salud. Existe la posibilidad de construir pozos, pero son tan pobres que construir pozos y potabilizar el agua es considerado un lujo por lo que siempre están a la espera de un buen corazón que pueda ayudarles.

Esta misma historia que acabo de contarte, también la escuchó una pequeña niña del estado de Washington en Estados Unidos llamada Rachel Beckwith en el año 2012, cuando una persona de la fundación Charity Water llegó para pedir donaciones para esta causa. La organización que en aquel momento tenía apenas siete años desde su fundación empezó cuando Scott Harrison después de ser voluntario en Liberia con Mercy Ships tuvo la grandiosa idea de celebrar su cumpleaños número 34 en un gran evento de recaudación de fondos para llevar agua a esas poblaciones que conoció durante ese período.

Fue entonces cuando Rachel tuvo la misma idea, dado que en la página de Charity Water era posible crear tu propia campaña de recaudación de fondos, Rachel pensó que sería increíble celebrar su cumpleaños número 9 con donaciones a la fundación en lugar de regalos, su meta era recaudar 300 dólares lo cual era lo suficiente para darle la oportunidad a 15 personas de tener agua limpia:

“El 12 de junio cumpliré nueve años. Hace poco me enteré de que hay millones de personas en el mundo que no puede llegar ni siquiera a su cumpleaños número cinco, ¿Por qué?, porque ellos no tienen acceso al agua limpia entonces ahora estoy celebrando mi cumpleaños como nunca, estoy pidiendo a todas las personas que conozco que donen en mi campaña en lugar de darme regalos. Cada centavo de dinero recaudado será directamente para proyectos de agua limpia para naciones en desarrollo y mejor aún, cada dólar tendrá su muestra cuando el proyecto esté completo y puedan verlo con Google earth.

Mi meta es recaudar 300 dólares, por favor considera ayudarme…

!Muchas gracias!

Rachel Beckwith”

Después de hacer alguna campaña con sus más conocidos, Rachel sólo pudo recaudar 220 dólares, lo cual la puso un poco triste pero también la motivó a crear una nueva campaña el próximo año.

Pero sus planes de repente cambiaron cuando el 23 de julio del año 2013, sólo cinco semanas después de su cumpleaños, inesperadamente fue una de las víctimas mortales de un accidente automovilístico en cadena en Bellevue, su ciudad actual.

Rachel no murió inmediatamente, sino que estuvo en estado crítico y muchas personas que la conocieron recordaron que su gran corazón la había llevado a recaudar dinero semanas atrás, por lo que muchos quisieron mostrar su apoyo a la familia donando en la página de su campaña.

Después de la muerte de Rachel, más personas se fueron sumando a la causa, lo que debía haber sido una campaña para recolectar sólo 300 dólares para darle agua limpia sólo a 15 personas, terminó siendo un proyecto enorme que recolectó 1.2 millones de dólares, lo suficiente para dar agua limpia a 60,000 personas en Etiopía.

¿Impresionante no?

Tal vez los etíopes esperaban que cayera agua del cielo para recolectar para unos cuantos días, sin embargo, el plan de Dios era mucho más grande e inesperado, la ayuda les llegó de una persona que ni siquiera conocían, que vivía a miles de kilómetros de ellos, que tenía sólo 9 años y que nunca fue consciente del impacto de su pequeña iniciativa.

Y es que a veces el milagro somos nosotros a través de nuestras acciones cotidianas y nuestro testimonio.

Una historia para contar y una acción

Aquella frase con la que empecé este mensaje es cierta, nosotros podemos ser el milagro que está esperando una persona, sin embargo, algunas veces no tenemos que hacer cosas extraordinarias para lograrlo, sino que basta con tu testimonio.

Cuando me llegó la invitación para irme de voluntaria al otro lado del mundo debo decir que pasé muchos días preguntando a Dios si eso era lo que realmente quería de mí, no tenía mucho de haber empezado mi camino con el Señor entonces esperaba que se abriera el cielo y se escuchara su voz confirmando que debía de dejar todo para servirle, porque algo parecido pasó cuando tuve mi conversión (Puedes leer “Aquí estoy envíame a mi”)

Pero resultó que cierto día me fui como siempre a mi reunión de iglesia semanal y me encontré con que un joven había llegado a cubrir al charlista de esa semana ya que no pudo llegar, no recuerdo exactamente todo lo que dijo, pero me identifiqué mucho con su mensaje.

Pero esto no fue todo, por si todavía me quedaba duda recuerdo haberle pedido a Dios una prueba irrefutable de que quería que me fuera y le dije, ¿Qué debo hacer?

Cuando me dirigía hacia la puerta vi que había un joven entregando unas tarjetas y entonces tuve el impulso de ir por ella, cuando me la entregó vi impresa en ella el rostro de Jesús y al darle la vuelta había una frase que decía:

“Rema mar adentro”

San Lucas 5:4

Remar mar adentro para los apóstoles es una invitación a seguir dejando todo cada vez y actuar por fe, así que para mí esto fue todo, esa era la respuesta que necesitaba y entonces tomé mis maletas y dejé todo para irme a servir a mi Señor.

¿Se habrán enterado aquellos jóvenes que su llegada ese día fue un milagro para mí?

Cuando tenía ya varios meses de estar allá, llegó un joven salvadoreño como yo para ser voluntario, nos llevamos muy bien y era como un pequeño hermano para mi y hablando cierto día de las cosas de la vida nos dimos cuenta de que su hermano era el joven que había llegado a dar su testimonio aquel día y aún mejor, la persona que me había dado la tarjeta en aquel momento había sido él y no tenía idea de lo que este pequeño gesto había hecho por mí.

¿Te queda duda que hasta la acción más pequeña en tu vida puede ser un milagro para alguien más?

“Pero cuando el Espíritu Santo venga sobre ustedes, recibirán poder y saldrán a dar testimonio de mí, en Jerusalén, en toda la región de Judea y de Samaria, y hasta en las partes más lejanas de la tierra”

Hechos 1:8

Y en aquel momento también me encargué de dar testimonio en Jerusalén, en Judea y en Samaria, de lo que Dios hizo conmigo a través de estos jóvenes.

Todo requiere obediencia

No hay persona en este mundo que no tenga un milagro para contar, aquellos que piensan que no se ha hecho nada en su vida debería de mirar con más detenimiento porque inclusive su concepción en el vientre de su madre ya fue un milagro.

Cuando nos damos cuenta de que nuestra vida es un milagro de las manos de Dios entonces tenemos mucha historia para contar y todo el tiempo Dios invita a que lo hagamos, pero esto necesita mucha obediencia en los momentos clave.

He leído muchas veces el pasaje bíblico de las bodas de Caná, siempre analizamos el comportamiento de Jesús ante la petición de María, pero creo que no analizamos la situación en la que se encontraron aquellos sirvientes que tuvieron que llenar las tinajas con agua.

Imagina que estas en tu servicio habitual cuando de repente alguien viene a decirte que ha pasado lo peor que pudo pasar en una fiesta, ya no hay vino. Una señora muy hermosa escucha el problema y decide correr donde su hijo, quién estaba con sus amigos pasándola muy bien y te dice:

“Hagan todo lo que él les diga”

San Juan 2:5

Acto seguido, este joven te dice que llenen las tinajas con agua lo más rápido que puedan.

¿Qué hubieras pensado tú?

¿Quién es Él para que yo haga lo que me diga? ¿Agua en las tinajas? ¿Sabe cuánta agua necesitan esas tinajas? ¿Cómo habrá vino si no hay uvas?

Pero ellos sin pensarlo dos veces, se movieron a hacer lo que les dijo y entonces fueron los testigos en primera línea del primer milagro conocido de Jesús en toda la historia

¿Te queda duda también de que la obediencia es clave?

A veces racionalizamos demasiado las cosas, pensamos que nuestras historias no son tan buenas cuándo allá afuera hay personas que necesitan exactamente el testimonio que tienes para contar por más sencillo y trivial que lo sientas, déjame decirte que cada vez que tú no cuentas tu historia hay milagros que se siguen guardando para aquellos que lo esperan, pueda ser que no sea  el agua convertida en vino pero sí agua sucia convertida en agua limpia como viste en la imagen al principio de este mensaje.

¿Qué pasa si siento lo contrario? ¿Qué hago si siento que mi testimonio es tan fuerte que me estoy exponiendo mucho al contar lo que me ha pasado?

Pídele sabiduría a Dios en cómo hacerlo, en estos días participé en un evento virtual en el que un joven contó una experiencia muy fuerte que incluía un testimonio acerca de cómo trató de suicidarse y a pesar de que se notaba que reunió mucho coraje para hacerlo, lo hizo porque estaba consciente de que cada día que pasaba sin contarlo existía la posibilidad de que un joven pasara por lo mismo que él y a diferencia suya quizás lograría suicidarse.

De la misma forma Jesús salvó nuestra vida, a pesar de que tuvo una profunda agonía en el huerto de los olivos, decidió ser obediente a lo que el Padre le estaba pidiendo y fue así como toda la humanidad, incluyéndote a tí y a mí, fuimos justificados para quedar libres de nuestros pecados y disfrutar de la vida eterna.

“Y así como el delito de Adán puso bajo condenación a todos los hombres, así también el acto justo de Jesucristo hace justos a todos los hombres para que tengan vida. Es decir, que por la desobediencia de un solo hombre, muchos fueron hechos pecadores; pero, de la misma manera, por la obediencia de un solo hombre, muchos serán hechos justos”

Romanos 5:18-19

Nada es casualidad

Cuando aquella persona llegó a la iglesia de Rachel a contar la historia de cómo millones de personas en el mundo no podían llegar a los cinco años por la falta de agua limpia, nunca se imaginó lo que esto iba a hacer en el corazón de una pequeña niña y mucho menos en el corazón de todos aquellos que donaron conmovidos por ella. De la misma forma Rachel a sus nueve años nunca se imaginó el impacto que tendría su pequeña campaña, ya que no sólo les dio agua limpia sino que también les dio una vida un poco más normal ya que el tiempo que invertían en traer el agua ahora lo usan para estudiar o trabajar y muchos menos se imaginó  que ahora su nombre está escrito en una pequeña placa en una comunidad de África y que muchos seguirán eternamente agradecidos con ella por ser el milagro que tanto esperaban.

Nada es casualidad, como diría Newton, cada acción que Dios hace tiene una reacción correcta y perfecta para su plan.

 El primer día que estuve en el centro al que me fui de voluntaria me dieron un recorrido guiado en toda el área, en ese momento todavía estaban construyendo el templo principal del que había escuchado muy poco porque lo que sabía del proyecto era más de la parte arqueológica.

Vi entonces que había unas letras apenas grabadas en la parte superior, era una frase en latín que decía “Duc in altum” y entonces le pregunté a la guía qué significaba y ella me contestó:

“Está inspirada en el evangelio de San Lucas, significa Remar mar adentro y es que este templo está inspirado en el ministerio público de Jesús, como cuando se paraba en la barca de Pedro para hablar del reino de Dios”

Aquel joven que me dio la tarjeta no tenía nada que ver con este proyecto en ese momento, tampoco sabía yo que el templo principal se llamaría de esta forma, sin embargo, Dios quién lo tiene todo planeado me hizo este pequeño guiño para mostrarme que no debía estar en otro lugar más que ese y que en esta vida nada es casualidad, ahora yo trato de contar mi testimonio en cada situación porque así fue como me dieron uno de los mejores milagros de mi vida.

Así que ahora te toca a ti, ¿Te atreves a ser un milagro para alguien más?

Entonces ve y cuenta tu testimonio.

 

¿Quieres ver quién inspiró este mensaje?

Te invito a ver el video a continuación, del momento en que la madre de Rachel y sus abuelos fueron a conocer el proyecto en Etiopía.

 

Cortesía de Charity Water en YouTube

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