Es cuestión de confianza


Llevo un poco más de un año escribiendo algunas historias que nacen de lo que Dios me permite aprender en cada situación, usualmente son cosas que vivo día con día que tienen un significado maravilloso que me ayuda a crecer diariamente y me ayudan a adentrarme en el plan divino que Dios tiene para mí, pero existen algunas otras historias, como la que traigo este día, que quizás son un poco más largas; se trata de cómo Dios tuvo que trabajar mi confianza en Él, así que hoy no traigo historias paralelas sino mi testimonio completo en este tema, así que le pido a Dios que pueda ser de edificación en tu vida y que cada palabra pueda dar frutos abundantes en tu corazón.

¿Comenzamos?

Conocí a Dios un 15 de mayo del 2010, antes de esta fecha, yo sabía que existía un Dios porque estudié en un colegio católico, sin embargo, era para mi más bien un ser inalcanzable del que yo no estaba segura si me conocía bien porque son muchos humanos en el mundo ¿no?

Ese día fue realmente especial, por primera vez me encontré con un Dios cercano que me conocía por nombre y apellido y aun más, tenía contados todos los cabellos de mi cabeza y entonces desde ese día hasta la fecha he tratado en la medida de lo posible de permanecer muy pegada a Él, como bien diría mi director espiritual, no por agradecimiento sino porque sin Él en mi vida nada tiene sentido. 

Puedo decir que en este camino empecé a experimentar muchas cosas y esto me llevó a tener un cambio de 110° y no es ningún error porque no puedo decir que he tenido un cambio de 180° como muchos lo anhelamos, ya que día con día descubro cosas que aún debo de trabajar fuertemente de la persona que era antes de tener un encuentro con Él, pero es algo que Dios sabe y me llena todavía de mucho más amor el estar consciente que Dios aún con todos los errores y cosas que tengo que cambiar, me ama incondicionalmente.

¿La confianza en Dios fue algo inmediato al conocerle?

Para los que se han encontrado con Jesús en el camino, saben que al igual que pasa con las relaciones humanas, la confianza es un proceso gradual y no tiene nada de malo que sea de esta forma, porque necesitamos conocer a aquel en el que vamos a confiar, sin embargo, la mayoría de ocasiones podemos reconocer cuando esta confianza fue evidente y esto no fue la excepción en mi relación con Dios.

¿Cuándo fue este momento?

Fue el momento en el que me hizo la invitación para salir de mi casa y dirigirme a un lugar lejano para para hacer su voluntad y requería mucha confianza el hacerlo porque a pesar que era una bendición el ser llamada por Él a una misión muy importante, pues esto requería dejar todo atrás y enfocarme a lo que estaba adelante. 

Pero Jesús le dijo:

—Vete a tu casa, con tus parientes, y cuéntales todo lo que el Señor te ha hecho, y cómo ha tenido compasión de ti.

El hombre se fue, y comenzó a contar por los pueblos de Decápolis lo que Jesús había hecho por él; y todos se quedaron admirados.

San Marcos 5:19-20 

Dos años después de haberle conocido, Dios me invitó con este versículo a contar mi testimonio y servirle y como no sabía cómo era que tenía que hacer este trabajo de hablarle a las naciones, tomé el camino más lógico y entonces decidí enlistarme para ser servidora en el grupo al que asistía cerca de mi casa...

¿Entonces comencé a cumplir el llamado de Dios?

Pues resultó que para ser servidora yo tenía que hacer un curso, el cual yo estaba dispuesta a hacer, pero el problema es que cuando llegó el momento de que la escuelita se abriera alguien decidió que en esta ocasión se cerrara para las mujeres, ya que se buscaba aumentar la participación de los hombres en el grupo. 

La verdad fue un poco frustrante, creo que una de las cosas que más cuesta es discernir la voz de Dios de la nuestra, así que como una cristiana recién nacida hice un poco de berrinche al respecto, el cual no duró mucho porque muy pronto comprendí que los planes de Dios eran mucho más grandes que los míos y que su invitación no se trataba metafóricamente de hablarle a las naciones en mi localidad sino a literalmente a hablarle a cientos de personas de diferentes nacionalidades al otro lado del mundo en un lugar llamado Magdala Center.

Porque mis ideas no son como las de ustedes, y mi manera de actuar no es como la suya. Así como el cielo está por encima de la tierra, así también mis ideas y mi manera de actuar están por encima de las de ustedes.' El Señor lo afirma.

Isaías 55:8

¿Fue fácil el proceso de abandonarse en Dios ante tal invitación?

Definitivamente no lo fue, para poder cumplir con lo que Dios me estaba pidiendo yo necesitaba dejar todo lo que tenía en ese momento, dejar las cosas que no son  nuestras favoritas es fácil, pero aquellas que tanto amamos representaban una renuncia muy profunda de mi misma y una entrega completa a Él pero como aún estaba en mi etapa de enamoramiento, lo hice y me fui hasta Israel a servirle como me lo había pedido. 


Entonces el Señor me dijo: «¿Acaso no puedo hacer yo con ustedes, israelitas, lo mismo que este alfarero hace con el barro? Ustedes son en mis manos como el barro en las manos del alfarero. Yo, el Señor, lo afirmo.

Jeremías 18: 5-6

Fueron nueve meses de completa entrega, de completa confianza en su providencia y de muchos regalos para mi vida que era como estar en un largo retiro espiritual de esos que llenan el alma, tenían muchos anhelos más y no me quedaba duda que Dios los cumpliría ya que si me llevó a un lugar al otro lado del mundo, que yo anhelaba desde niña, ¿Cómo no haría lo demás? 

La vida de regreso

Nueve meses después llegó el momento de partir, a pesar que tenía sentimientos encontrados, me sentí feliz de todo el proceso y acepté que debía regresar a mi vida normal y al igual que el pueblo de Israel cuando salió de Egipto, tenía las expectativas muy altas ya que seguía con la memoria muy fresca de cuando “Dios abrió mi mar”. 

Rápidamente me incorpore a la vida que tenía antes de irme, pero ahora las cosas eran diferentes, había entrado en el camino de mi desierto y fue entonces cuando aquella confianza que tenía se puso nuevamente a prueba, una y otra vez.

Entonces los israelitas comenzaron a gritar, y aquella noche se la pasaron llorando. Todos ellos se pusieron a hablar mal de Moisés y de Aarón. Decían: «¡Ojalá hubiéramos muerto en Egipto, o aquí en el desierto! ¿Para qué nos trajo el Señor a este país? ¿Para morir en la guerra, y que nuestras mujeres y nuestros hijos caigan en poder del enemigo? ¡Más nos valdría regresar a Egipto!»

Números 14:1-3

¿Por qué mi confianza se vio tan afectada?

No me queda ninguna duda que los momentos de desierto son para purificarnos, en el proceso de elaboración de una pieza de barro no sólo se moldea sino también se afina y esto es lo que yo necesitaba, entonces aquellos anhelos por los que yo tanto oraba desde antes de irme, parecían nunca llegar y al contrario venían muchas pruebas, porque lo que yo no había comprendido es que aquel momento era para trabajar en mi y no para cosechar y tal cual semilla que cae en terreno pedregoso, muy pronto mi confianza se movió de ser completa a pensar que aquel quizás aquel había sido el único milagro. 

La semilla que cayó entre las piedras representa a los que oyen el mensaje y lo reciben con gusto, pero como no tienen suficiente raíz, no se mantienen firmes; cuando por causa del mensaje sufren pruebas o persecución, fallan.

San Mateo 13: 20-21

¿Sabes a que se asemeja? 

A la parábola del trigo y la cizaña, las pruebas llegan a nuestra vida y también los momentos de espera, de ambos Dios comienza a sacar fruto para que podamos compartirlo con los demás, pero también el enemigo ve su oportunidad allí y entonces junto con el trigo él pone cizaña, que aunque se parezca mucho a la otra tiene la única y gran diferencia que no da fruto sino que solo toma los nutrientes que deberían de ser para el trigo. 

En otras palabras la cizaña es como cuando vemos las pruebas a la luz del Espíritu, pero no logramos sacar el fruto sino que solo albergamos heridas en nuestro corazón que producen todo lo contrario a los frutos del Espíritu santo, confianza y paz y la vemos crecer sin darnos cuenta de ella porque se parece mucho al trigo. 

Jesús les contó esta otra parábola: «Sucede con el reino de los cielos como con un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero cuando todos estaban durmiendo, llegó un enemigo, sembró mala hierba entre el trigo y se fue. Cuando el trigo creció y se formó la espiga, apareció también la mala hierba

San Mateo 13:24-26

El momento de la cosecha

¿Afectó esta cizaña a mi relación con Dios? 

Si lo hizo, me fue alejando poco a poco de Él, me fui haciendo una cristiana tibia que sigue creyendo que Él es un Dios maravilloso, pero ya no está tan cerca de Él. 

Pero como Dios es tan misericordioso, hizo algo en mi vida para prepararme para aquel momento de cosecha, a principios de este año y por puras casualidades de la vida me realicé algunos exámenes de rutina que no salieron dentro de los parámetros normales y existía una pequeña posibilidad que esto fuera algo realmente malo. 

¿Cómo reaccioné?

Fue aquí que la cizaña, mi desconfianza se hizo evidente, entonces me enfoqué en la baja posibilidad mala y dejé que mi corazón se llenará de ansiedad... 

Él les dijo: No, no sea que, al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo.

Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero.

San Mateo 13:29-30

Pasé alrededor de 3 meses en la misma situación, hacia mi intento de confiar pero no era suficiente y no era suficiente porque mi concepto de Dios se había tergiversado a causa de la cizaña que creció. 

Así que la vida me puso el horno un poco más caliente, en medio de esta prueba comencé otra prueba más grande en la que vi que pasar mi vida frente a mis ojos, me contagié de covid-19 como  ya lo he comentado en otras meditaciones y esta fue la única manera en la que pude abandonarme nuevamente y completamente a Cristo, porque simplemente no tenía otra opción. 

Ingresé al hospital el 15 de mayo del 2021, exactamente once años después de mi retiro y es que Dios tuvo tanta misericordia que hasta usó la misma fecha para que naciera de nuevo, una tercera vez, y esta fue la única forma que comprendí que aquel no era el único milagro y tampoco sólo un instrumento sino que yo era la niña de sus ojos.

El Señor todopoderoso me ha enviado con este mensaje contra las naciones que los saquearon a ustedes: «Cualquiera que toca a mi pueblo, toca a la niña de mis ojos. Por eso, yo mismo lucharé contra esas naciones, y haré que sus propios esclavos las saqueen.» Así mostrará su gloria el Señor todopoderoso, y así comprenderán ustedes que él fue quien me envió.

Zacarías 2:8-9

Esta experiencia me regaló la confianza en Dios que me faltaba, no todos necesitamos llegar a experiencias tan extremas pero yo si lo necesité y aunque ese momento fue difícil me siento muy feliz de haber pasado por eso porque es un ejemplo que la confianza en Dios es algo que necesitamos cultivar día con día y que sólo se hace al ponerse en la presencia de Dios y aceptando su voluntad. 

No vivan ya según los criterios del tiempo presente; al contrario, cambien su manera de pensar para que así cambie su manera de vivir y lleguen a conocer la voluntad de Dios, es decir, lo que es bueno, lo que le es grato, lo que es perfecto.

Romanos 12:2

¿Qué pasó al final con mi condición inicial?

Preguntaba constantemente a Dios acerca de mi condición porque estaba en un período de espera para luego retomar mis exámenes, en mi corazón sentía la certeza que Dios me daba de haberme sanado, pero como lo dije antes una de las cosas más difíciles en el proceso es comprender si lo que escuchamos es nuestra voz o la voz de Dios, así que decidí hacer lo que podía y le pedí a Dios que me confirmara si esto era así.

¿Quieres saber lo que me contestó?

Marina, ¿Tú confías en mí?

Como si necesitara una confirmación más acerca del por qué de esta prueba, Dios me preguntaba directamente si confiaba en Él, así que le respondí que sí e inmediatamente vino de nuevo la pregunta:

¿De verdad confías en mí?

Y entonces decidí responder similar a Pedro en aquella ocasión:

"Yo sé que todo lo que haces tú es perfecto, entonces yo confío en ti"

¿Sabes que pasó?

Le dije esta respuesta con el pleno conocimiento de que cualquiera que fuera el resultado sería lo mejor para mi y fue hasta entonces que los exámenes salieron como Él ya me había dicho, salieron bien y el doctor me confirmó que era prudente darme el alta de aquella revisión.

¿Alguna otra duda que lo mejor es confiar en Dios?

Dios no es como los mortales: no miente ni cambia de opinión.

Cuando él dice una cosa, la realiza.

Cuando hace una promesa, la cumple.

Números 23:19

¿Qué hubiera pasado si yo hubiera confiado desde el principio?

Posiblemente no hubiera tenido que pasar por lo demás, pero creo que tampoco hubiera estado contando esta historia hoy que aunque me disculpo por lo larga que me salió, creo que era necesaria porque  como dice Jesús en la parábola, cuando se cosecha celebra el que cosechó y también el que sembró. 

Así que ahora te toca a tí ¿Estas listo ahora para separar el trigo y la cizaña?

En la filosofía de Lean Manufacturing hay un principio que aprendí y que me gusta mucho, a veces es necesario hacer un alto en nuestra producción para analizarlos y así ver qué mejoras podemos hacer o como le diríamos de otra manera, a veces necesitamos parar para no volver a parar más adelante y tener pérdidas; así que te invito este día a hacer un alto en tu vida y analizar lo que Dios está hablando, no basta sólo con tener las buenas intenciones de hacer o decir que lo haremos, Dios está allí esperándote cada día y cada momento del día para separar el trigo de la cizaña, porque la cosecha ya está lista.

¿Te animas a hacerlo?

La primera vez que fui con el doctor para revisar mis exámenes, él me dejó repetir los resultados en un laboratorio de su confianza, entonces lo hice como él me lo había dicho y ¿Sabes cuál fue el resultado?

Los exámenes estaban normales, lo cual me hizo sentir mucha paz, pero muy pronto como aquella semilla que cae en medio de las piedras que no tiene raíz, comencé a racionalizar la respuesta a este examen y entonces me llené nuevamente de dudas lo cual significaba que realidad no confiaba en Dios como yo pensaba y vino mi prueba del covid-19.

No esperes a pasar por la prueba dos veces, si sientes un llamado a corregir algo, hazlo inmediatamente, con esto no digo que Dios me mandó una prueba como esta, al contrario, quizás la vida me puso aprueba con el fin de que llegara a negar a Dios, pero Dios mismo fue tan misericordioso que tuvo compasión y usó esto para acercarme más a Él…

Así que anímate, esfuérzate y sé valiente que sin duda alguna, Dios está contigo en este tiempo de cosecha.

Ustedes dicen: “Todavía faltan cuatro meses para la cosecha”; pero yo les digo que se fijen en los sembrados, pues ya están maduros para la cosecha. El que trabaja en la cosecha recibe su paga, y la cosecha que recoge es para vida eterna, para que tanto el que siembra como el que cosecha se alegren juntamente.

San Juan 4:35-36

 

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