El Dios de las pequeñas cosas

Fotografía "Semilla de Mostaza" cortesía de Cross road

Una amiga muy cercana me compartió hace algunas semanas una serie de videos llamados “The Wild Goose” con Fray Dave Pivonka, un sacerdote franciscano quién es el presidente de la Universidad Franciscana de Steubenville en Estados Unidos y autor de libros espirituales que enseñan a tener una relación más profunda con Dios;  estos videos han sido tan especiales para mi corazón que siempre trato de ver uno de ellos al final de día y en la mayoría de ocasiones me han ayudado para los momentos de meditación dentro de mi oración personal.

Uno de los videos que más llenó mi corazón era acerca de los dones del Espíritu Santo y como debemos de unirlos a los talentos en nuestra vida para ayudar a los demás, así que en esta ocasión quiero hablarte acerca de uno de los pequeños testimonios que se muestran en este video, el de Dave Vavinckle la cual trato de copiar textualmente a continuación:

“Al principio era muy evidente que el Espíritu Santo estaba funcionando de una manera diferente en mi vida, parecía una gracia inicial que yo no podía evitar y eventualmente supe que tenía que fomentar esa relación y me di cuenta de que la mejor manera de fomentarla era a través de la docilidad, de dar continuamente un paso hacia atrás y dejar que el Espíritu Santo tomara el control de las situaciones que se me presentaban.

El uso de estos dones son particularmente para la evangelización y a menudo bromeo que he cometido todos los errores en cuanto a ella, pero la verdad es que en el momento cuando estoy menos preparado para responder a las preguntas de alguien, a menudo es cuando estoy lo suficiente libre para decir: Dios toma el mando.

Hay una ocasión que recuerdo en particular, tenía unas prácticas profesionales en Dallas y estaba haciendo consejería frente a una clínica de abortos y es el empleo más estresante que puedes tener, pero yo estaba evangelizando así que debía hacerlo y tienes sólo 30 segundos para convencer a estas chicas que no lo hagan. 

Fue entonces que hubo una chica que se acercó a mí, recuerdo que tenía el pelo largo y rojo, estaba tratando de convencerla y yo tenía todos los argumentos memorizados, pero cuando vi que estaba a punto de entrar en la clínica entonces comencé a entrar en pánico y recuerdo sólo haber orado: 

"Señor no sé qué decir en esta ocasión"

Entonces cuando estaba tomando la puerta para entrar, lo único que pude decirle fue: 

"¡Lazos para el cabello!"

Y todavía pensé, "Qué imbécil eres", de todas las cosas que pudiste haber dicho entonces dijiste “Lazos para el cabello”, pero de repente, ella se volvió hacia mi y dijo 

"¿Qué dijiste? ¿Qué dijiste?"

Yo le respondí, que si tenía una niña quizás tendría el cabello rojo como el de ella y entonces podría ponerles lazos en el cabello  y que se imaginara lo entretenido podría ser esto...

Ella comenzó a llorar y me dijo:  

"Sabes que toda mi vida me dijeron que hiciera esto y mi padre era un hombre muy horrible, en serio me trataba muy mal y el único cumplido que me hizo en su vida era acerca de mi cabello rojo, él murió hace cuatro años y durante toda la semana estuve preguntándole a él ¿Qué debo hacer? Y ahora tú dijiste esto"

Recuerdo haber pensado que nunca habría hecho eso yo solo en mi vida, entonces comprendí que lo mejor que podía hacer era dar un paso atrás y dejar al Espíritu Santo actuar”

¿Muy hermoso no?

Esta historia me gustó mucho porque como seres humanos a menudo estamos constantemente preocupados por las cosas grandes que se supone deberíamos de hacer, las vidas que deberíamos de salvar y todos los lugares a los que deberíamos de llegar, dejando de lado que algunas veces las cosas que nosotros vemos más pequeñas son las que para Dios son las más grandes, porque es justamente en esas cosas sencillas donde se hacen los milagros más impresionantes.

Y el Señor le dijo: «Sal fuera y quédate de pie ante mí, sobre la montaña.

En aquel momento pasó el Señor, y un viento fuerte y poderoso desgajó la montaña y partió las rocas ante el Señor; pero el Señor no estaba en el viento. Después del viento hubo un terremoto; pero el Señor tampoco estaba en el terremoto. Y tras el terremoto hubo un fuego; pero el Señor no estaba en el fuego. Pero después del fuego se oyó un sonido suave y delicado. Al escucharlo, Elías se cubrió la cara con su capa, y salió y se quedó a la entrada de la cueva. En esto llegó a él una voz que le decía: «¿Qué haces ahí, Elías?»

1 Reyes 19:11-14

1.       Dios de las pequeñas obras

En los últimos años hemos adoptado una palabra para casi cualquier área de nuestra vida, esta es la palabra “tendencia” y es la que orienta a las masas a hacer cosas grandes como adoptar un estilo de vida en particular y también cosas pequeñas como un simple video para divertir a los demás, ambas cosas pueden influir positiva o negativamente, pero ciertamente las corrientes negativas que nos parecen graciosas suelen llegar más lejos y más rápidamente, quizás porque como son pequeñas y fáciles, no pensamos mucho en hacerlas.

¿Siempre ha sido así?

La verdad es que no, hay muchos personajes en la historia del mundo que han hecho cosas positivas que empezaron con acciones pequeñas y una de las que quiero resaltar particularmente es el trabajo de una santa que muchos conocemos, Madre Teresa de Calcuta quién fue conocida en el mundo por su entrega incondicional al servicio del prójimo.

Madre Teresa trabajó en favor de los más pobres y los enfermos, fundó la congregación de Misioneras de la Caridad en el año de 1950 y desde entonces millones de personas han trabajado al servicio de los demás con su ejemplo, hay alrededor de 4,500 religiosos en 133 países en el mundo, movilizando a muchos laicos al servicio de los más necesitados.

Pero ¿Quieres saber qué es lo más curioso?

Lo más curioso de toda esta historia en la vida de Madre Teresa es que ella no empezó su trabajo pensando que debía fundar una congregación y llegar a tantos países en el mundo y mucho menos ayudar a todos los pobres, sino que comenzó con aquellos que tenía al lado que como bien diría ella:

“Nuestra misión era cuidar a los hambrientos, los desnudos, los indigentes, los discapacitados, los ciegos, los leprosos, todas esas personas que se sienten indeseadas, no amadas, abandonadas por toda la sociedad, aquellas que se han convertido en una carga para la sociedad y son apartadas por todos”

“El que se porta honradamente en lo poco, también se porta honradamente en lo mucho; y el que no tiene honradez en lo poco, tampoco la tiene en lo mucho”

San Lucas 10:16

Es muy difícil iniciar un plan cuando la idea es muy grande, es por esto que en las metodologías actuales de proyectos solemos desgranar esta gran idea en pequeñas acciones que parecen más realistas y cuando nos damos cuenta, ya hemos hecho mucho más de lo vimos al principio como algo irrealizable y lo mismo pasa para nuestra misión en la vida, a veces nos planteamos cosas grandes que no sabemos cómo empezar,  cuando quizás dicha misión empieza con lo que vemos como más pequeño, con el que está al lado de nosotros o con las cosas que vemos normales.

¿Cuáles podrían ser estas cosas?

Llamarle a un amigo para saber cómo está, tomarte un instante de tu día para decirle un cumplido a un empleado que ha hecho las cosas bien, compartir una frase de tu meditación diaria con tus amigos o simplemente dejar el teléfono de lado para escuchar aquellas historias que cuenta tu familia, aunque la hayas escuchado veinte veces, todas estas son cosas que nos parecen pequeñas pero que pueden hacer la diferencia en la vida de los demás porque como bien diría Madre Teresa de Calcuta:

"El océano está hecho de gotas de agua, así que tu gota es importante porque, con otras gotas, podemos hacer un océano"

Una experiencia que tuve en los últimos días me hizo pensar que algunas veces tenemos oportunidades para ayudar que a veces no regresarán, después de mi experiencia con el covid yo hablaba con algunas amigas de lo difícil que es orar en esos momentos y lo agradecida que me sentía con ellas por haber orado por mi, y es que algunas veces quizás pensamos que algo tan “pequeño” como una oración no es nada para todo lo que desearíamos hacer por una persona,   pero  estas acciones pequeñas son aquellas en las que Dios hace todo ya que como bien diría Fray Dave Pivonka, nosotros no somos en realidad vasijas para contener el Espíritu Santo, sino más bien somos conductos porque todo lo que Dios nos da, debe fluir hacia los demás.

Ámense sinceramente unos a otros. Aborrezcan lo malo y apéguense a lo bueno. Ámense como hermanos los unos a los otros, dándose preferencia y respetándose mutuamente.

Esfuércense, no sean perezosos y sirvan al Señor con corazón ferviente.

Romanos 11: 9-11

No minimices las acciones que podrías hacer por los demás y no tengas miedo de que esto no sea suficiente, si es que Dios te ha mandado a hacer algo tan simple,  porque en el Reino de Dios las acciones simples no existen aunque nosotros no lo podamos ver.

 

2.       Las pequeñas renuncias

Debo hacer una confesión, esta semana tuve una pequeña discusión con alguien y estaba muy molesta por sus motivos y como no suelo dejar pasar mis molestias tan rápidamente, cuando esta persona me deseó las bendiciones para mi día, en realidad no pude responderle de regreso con los mismos buenos deseos. Inmediatamente a mi acción, sentí al Espíritu Santo decirme “deséale también lo mismo” así que, por obediencia a Él, lo hice y esto me hizo pensar que estas pequeñas renuncias que podríamos hacer todos los días son las que más le interesan a Dios, porque como diría el joven con el que empezamos esta meditación, la mejor manera de fomentar una buena relación con Él es a través de la docilidad.

 Entonces Samuel dijo: «Más le agrada al Señor que se le obedezca, y no que se le ofrezcan sacrificios y holocaustos; vale más obedecerlo y la docilidad que ofrecerle sacrificios y grasa de carneros.

1 Samuel 15:22

Somos especialistas en saber qué es lo que los demás deberían de hacer e inclusive algunas veces nos convertimos en “asesores espirituales” para Dios o una especie de administradores de talento y en lugar de hacer lo que Dios nos ha puesto en el camino pues buscamos a alguien más que lo haga porque pensamos que lo haría mejor o quizás tendría más recursos para hacerlo.

Pero ¿Quieres saber una cosa?

 Si Dios te lo pidió a ti, es porque lo necesita de ti, si Dios quisiera que alguien más lo hiciera, créeme que se lo diría directamente a esta persona.

Pondré en ustedes un corazón y un espíritu nuevos. Quitaré de ustedes ese corazón duro como la piedra y les pondré un corazón dócil. Pondré en ustedes mi espíritu, y haré que cumplan mis leyes y decretos; vivirán en el país que di a sus padres, y serán mi pueblo y yo seré su Dios.

Ezequiel 36:26-28

¿Qué hubiera pasado si yo no hubiera deseado bendiciones a la persona con las que estaba molesta?

Para mi quizás no hubiera hecho una gran diferencia, pero imaginemos si esa persona necesitaba escucharlo y quizás yo era la única persona a la que Dios le pidió hacerlo, si no lo hubiera hecho pues le hubiera negado el regalo que Dios quería enviar a través de mi.

Debemos de aprender a ser dóciles a la voz de Dios, a veces quizás no necesitamos hacer un sacrificio como tal sino la simple renuncia de poner nuestras ideas antes que las de Dios, debemos mostrarnos dispuestos para que Dios pueda usarnos porque las acciones sean grandes o pequeñas, necesitan primero de nuestra voluntad para que puedan realizarse, algunas veces nuestra acción funciona como una llave, esa llave que abre la puerta para que Dios pueda bendecir a alguien más...

“Porque Dios es quien obra en vosotros tanto el querer como el hacer, para su beneplácito”

Filipenses 2:13

Hay una frase que me gusta mucho, es un proverbio judío que está en el Talmud y dice:

“Quien salva una vida salva al universo entero”

Aquel hombre afuera de la clínica abortista salvó una vida y nunca se imaginó que con esas palabras que le parecían “tontas” había salvado al mundo entero, pero eso es lo que pasa cuando dejamos a Dios actuar, no nos apresuremos en considerar que las cosas son pequeñas porque las vemos con nuestros ojos porque sin duda alguna, al igual que el grano de mostaza se convierte en un árbol grande y frondoso, Dios puede hacer muchísimo más con esto de lo que nosotros nos podemos llegar a imaginar, así que la próxima vez que Dios te pida algo no dudes en hacerlo, estoy segura que tú también estarás salvando al universo entero.

¡Esfuérzate y sé valiente!

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