¿Paz o comodidad?

 



Hace poco estaba pasando algunos videos en una red social, cuando de repente me apareció un mensaje que decía más o menos así:

"¿Sabes cuáles son las personas que no dejan nada para después?

Son aquellas personas que estuvieron tocando la muerte de cerca, porque comprendieron que no había tiempo que perder" 

Me pareció muy interesante y es que de hecho esto suele ser así, como tal vez habrán leído en alguna reflexión anterior, pasé por una experiencia de salud que me hizo cambiar muchas cosas de mi vida y una de ellas fue exactamente esta, tomar las oportunidades que Dios me pone el día de hoy y sacarle el mayor provecho posible, porque en realidad sólo Él sabe lo que habrá mañana.

Sin embargo, este no ha sido un proceso de cambio de la noche a la mañana y uno de los testimonios que me ha ayudado es el del evangelista San Mateo, que tuvo la valentía suficiente para tomar una oportunidad que Jesús le ofreció cuando se encontró con él.

Después de esto, Jesús salió y se fijó en uno de los que cobraban impuestos para Roma. Se llamaba Leví, y estaba sentado en el lugar donde cobraba los impuestos. Jesús le dijo:

—Sígueme.

Entonces Leví se levantó, y dejándolo todo siguió a Jesús.

San Lucas 5: 27-28

“Me cuestan los cambios”

Tenía muchos días de no hacer confesiones públicas, así que, para romper un poco el hielo, aquí vamos con una nueva:

“Soy Marina y por algún tiempo me han costado mucho los cambios”

¿O será que nos cuestan a todos?

Lo más curioso de esto es que toda mi vida, a nivel profesional, he trabajado en procesos de cambio complejos, pero nada se compara con cambiar lo que hay dentro de nuestro corazón.

Pasé por aquella experiencia que me hizo evaluar la manera en la que estaba viviendo, sin embargo, este proceso de aprovechar las oportunidades que Dios me regalaba no fue de la noche a la mañana, Dios tuvo que entrar en acción para que yo pudiera reconocer el nivel de comodidad que había en ciertas áreas de mi vida y es que después de la vanidad, quizás la comodidad es uno de los obstáculos más grandes con los que nos podemos encontrar.

Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente!

Apocalipsis 3:15

Hace algunos años fui con un grupo de personas a subir una montaña, nunca he sido la persona más atlética del mundo y realmente el camino me pareció muy difícil, a medida avanzaba quería tirar la toalla y regresarme al lugar en el que estábamos, pero un sacerdote al que quiero mucho que estaba conmigo me ayudaba y me alentaba, al final del camino cuando ya estábamos en la cima me dijo: Te felicito, porque este día te has vencido a ti misma.

¿A mí misma?

Es que resulta que lo difícil de la comodidad es que la lucha no es con nadie más que con nosotros mismos y el éxito dependerá de lo dispuestos que estemos a ir en contra de todas aquellas “formas” que nos hemos encontrado en el camino para vivir con descanso y muy a gusto.

Dicen por allí que una de las formas de saber que estás en el camino correcto es que suele haber mucha oposición y es que los guerreros no encuentran flechas a menos que estén conquistando nuevos territorios ¿o sí?

Vencernos a nosotros mismos no es cosa de una sola situación por la que tendrás que pasar, es algo de todos los días en cosas pequeñas como levantarte más temprano para orar, hasta cosas más grandes como dejar que una persona entre en tu vida, vencernos a nosotros mismos es dejar de lado el orgullo y abrazar la vulnerabilidad que alguna vez dejó heridas en tu corazón, porque no hay otro camino a la sanación interior de la mano de Dios.

¿Paz?

Ahora está de muy de moda el tema de la paz personal, pero resulta que como cristianos algunas veces confundimos el tema de la paz personal que vemos en las redes sociales con la paz que sólo Dios nos puede dar.

Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.

Filipenses 4:7

Uno de los procesos más difíciles en el tema de confianza me lo encontré hace algunos meses, estuve tratando de hacer un cambio en cierta área de mi vida con mucha insistencia, pero cuando por fin salió lo que yo estuve pidiendo, me congelé y entonces la incomodidad que sentía, me hizo correr al lado contrario de la puerta abierta que tenía frente a mí y decidí tomar la excusa confiable de: “Es que no me da paz”.

 ¿Acaso toda la incomodidad que sentimos es mala?

Siempre he admirado mucho la manera en la que San Mateo tomó la invitación de Jesús en aquel momento, en la biblia no lo dice, pero imagino que si alguien viene de repente a decirte que dejes todo lo que te resulta familiar en este momento, quizás te lo pensarías dos veces, y resulta que él salió inmediatamente a su encuentro y lo llevó a su casa con los suyos.

La "falta de paz" que sentimos en algunas ocasiones pueda ser que no sea exactamente la ausencia de aquel fruto del Espíritu Santo, sino que es la lucha en contra de mi zona de confort, que está iniciando para la conquista de aquellos nuevos territorios que Dios nos quiere entregar.

 Agranda tu tienda de campaña, extiende sin miedo el toldo bajo el cual vives;

alarga las cuerdas, clava bien las estacas, porque te vas a extender a derecha e izquierda;
tus descendientes conquistarán muchas naciones y poblarán las ciudades ahora desiertas.  

No tengas miedo, no quedarás en ridículo;

Isaías 54:2-4

¿Cómo puedo saber si estoy siendo cómodo?

La diferencia está en que la comodidad abraza tus miedos, los hace parte de ti y eso te provoca una especie de tranquilidad pero sin conquistar nuevos territorios, en cambio la verdadera paz, el fruto del Espíritu Santo, te produce tranquilidad incluso si estás caminando por terrenos desconocidos, te produce paz en aquellos lugares nuevos al que Dios te manda  y es por eso que San Pablo habla de ella como aquella que sobrepasa el entendimiento, porque no son situaciones en las que se supone que deberías tener tranquilidad.

¿Te animas entonces a seguirle?

Hace poco escuché a una persona que decía que estaba completa, en aquella ocasión en la que tuve el impulso de dejar mi puerta abierta yo me sentí igual y es que parece que está bien, pero todo dependerá de lo nuevo que Dios quiere hacer, sino como bien diría San Agustín de Hipona:

"Debes vaciarte de aquello con lo que estás lleno, para que puedas ser llenado con aquello de lo que estás vacío" 

En aquel momento que Jesús le dijo a San Mateo que lo siguiera, era un recaudador de impuestos, una de las profesiones más odiadas de la época, pero que tenía los bienes materiales suficientes para darse una vida buena para siempre, pero decidió entrar en un terreno desconocido e incómodo en el que tuvo que dormir en el suelo y en el que no sabía que iba a comer mañana, pero que lo llevó a ser uno de los testigos de primera mano de los milagros que hizo, nada más y nada menos que el Hijo de Dios. 

Así que la próxima vez que tengas una invitación que te parezca retadora, recuerda que quizás el milagro que has esperado se esconde atrás de tu sí y que lo único que necesitabas era salir de tu comodidad.

¡Esfuérzate y sé valiente!

 Y Leví le hizo gran banquete en su casa; y había mucha compañía de publicanos y de otros que estaban a la mesa con ellos. Y los escribas y los fariseos murmuraban contra los discípulos, diciendo: ¿Por qué coméis y bebéis con publicanos y pecadores? Respondiendo Jesús, les dijo: Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.

San Lucas 5:29-32

Comentarios