Cuando estuve de voluntaria en Israel, todo me parecía tan lento. Venía de una vida corporativa en la que trabajaba hasta la medianoche o quizás hasta la madrugada, y de repente me encontré en un lugar hermoso y extraño, un lugar que contrastaba con ese movimiento. Entonces, me sentí fuera de mi zona de confort.
¿Qué hice entonces?
Me quejé, me preocupé y me hice mil ideas de lo que tenía que hacer al regresar a esa vida que había dejado y que amaba, hasta que me encontré con esa frase que me dijo una amiga, que debía ser barro santo, porque a eso había llegado a Israel, donde es agua santa, pero también tierra santa.
De alguna forma, entonces abracé ese silencio y esa calma a la que había llegado, y fue allí cuando comencé a vivir lo que Dios tenía para mí.
¿Tenía entonces que hacer algo?
Sí, tenía que hacer algo mucho más grande que dormirme en la madrugada después de un largo día de trabajo. Tenía que quedarme quieta, o como se dice en inglés, "Be still".
Así fue como comencé a disfrutar de cada detalle, de cada experiencia, de cada persona, de cada segundo. Y al final del proceso, Dios me regaló mucho más de todo lo que alguna vez llegué a imaginar, porque en realidad Él nunca me regresó a aquella vida que amaba, sino que me llevó a una vida mucho mejor, y con la mejor compañía: la suya. No es que antes no la tuviera, sino que no la sentía debido al movimiento a mi alrededor.
Así es ahora: quedarme quieta, pero con aquel aprendizaje de que, al abandonarme por completo, entonces Dios me dará todo lo que tiene para mí, y estoy segura de que es mucho mejor de lo que yo puedo soñar ahora.
"Pero Moisés les contestó:
—No tengan miedo. Manténganse firmes y fíjense en lo que el Señor va a hacer hoy para salvarlos, porque nunca más volverán a ver a los egipcios que hoy ven. Ustedes no se preocupen, que el Señor va a pelear por ustedes."
Éxodo 14:13-14
¡Esfuérzate y sé valiente!

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