" Este está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; y será como un signo de contradicción y - a ti misma una espada te traspasará el alma-, para que se pongan de manifiesto los pensamientos de muchos corazones."
Sonó muy fuerte para mi espíritu porque en medio de una prueba que ahora mismo vivo, me pregunté a mi misma ¿en quién confío? ¿De verdad confío en Dios o confío en mis propias habilidades o las medidas que tomé antes de que llegara este momento?
Parece que cuando repetimos aquellas palabras de "yo confío en ti" que encontramos junto a su divina misericordia parece fácil, pero en realidad no lo es. Tampoco es fácil tener la mejor actitud ante la prueba, muy bien dijo Simeón "es un signo de contradicción", así como la sólo existencia de Jesús fue una contradicción para muchos hombres de ley en aquel momento, también lo es para mi la prueba hoy.
Alabo la misericordia de Dios que me permite reconocer lo más oscuro de mi corazón, porque es la única forma en la que Él puede sanarlo, aún en medio de mi propia contradicción puedo sentir el amor de Dios que no quiere que desvíe mi camino, sino que me haga más cercana y dependiente de Él.
Pido a Dios para que sane en mi corazón las cosas que siguen allí y que no me dejan confiar plenamente en la obra de misericordia que Él ya tiene para mi vida, a fin de que, yo pueda ser un apóstol como los de aquella época y salir a mi verdadera misión: predicar el evangelio a todas las naciones.
"Tenemos confianza en Dios, porque sabemos que si le pedimos algo conforme a su voluntad, él nos oye. Y así como sabemos que Dios oye nuestras oraciones, también sabemos que ya tenemos lo que le hemos pedido."
1 Juan 5:14-15
Señor, yo confío en tí.
Escuchando y leyendo el evangelio de hoy, sonó muy fuerte la frase que Simeón dijo a los padres de Jesús en el templo:

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