Cuando sólo hay hojas verdes



Debo confesar que después de navidad, los meses entre febrero y marzo son de mis favoritos por la cantidad de flores hermosas que puedes apreciar en El Salvador; las calles se llenan de colores y hay uno muy característico de nuestra región que sobresale más que otros y no es nada más y nada menos que el Maquilishuat.

¿Sabes cuál es?

En la imagen superior puedes ver uno en su época de florecimiento y como puedes apreciar sus flores son de color rosa que puede ser pálido o fuerte según la variedad. El nombre con el que se conoce en El Salvador proviene del Náhuatl y significa cinco hojas debido a que cada parte del árbol tiene cinco hojas juntas como la forma de una mano y es tan característico de esta región que desde el año 1939 se convirtió en uno de nuestros árboles nacionales.

¿Hermoso no?

Pues como bendición de Dios, hace unos tres años mi vecino sembró uno en su jardín, como su casa está en un escalón de tierra más abajo que la mía, su copa me queda justamente al lado de la ventana de mi habitación por lo que me emocionaba mucho la idea de tener aquel espectáculo rosa al menos en alguna temporada del año.

Al principio me pareció normal que no diera flores, estaba muy pequeño e imaginé que lleva cierto tiempo, sin embargo, cuando llegó el segundo año, me llené de mucha expectativa y entonces lo observaba cada cuanto esperando ver algunas flores en la copa que se había hecho enorme.

Finalmente, después de otro año más sin verlo florecer, comencé a dudar si en realidad era el árbol que yo pensaba o con muy poco conocimiento en el rubro, me dediqué a pensar que quizás lo habían sembrado de alguna forma que quizás nunca daría las flores que se supone que debería de dar y entonces dejé de buscarlas.

Con esta pequeña experiencia Dios me llevó a pensar que esto pasa también en nuestra vida, comenzamos a trabajar en algo, sin embargo, después de cierto tiempo no vemos los resultados deseados y es entonces cuando comenzamos a dudar quiénes somos o si somos capaces de lograrlo, aún si Dios mismo nos lo dijo, al igual como lo hice yo con aquel árbol.

Aún no ha llegado el momento de que esta visión se cumpla; pero no dejará de cumplirse.

Tú espera, aunque parezca tardar, pues llegará en el momento preciso.

Habacuc 2:3

Es gloria de Dios

Cuando estaba empezando a escribir esta meditación consideré escribir nuevamente del tema de espera, ya que con el tiempo que estamos viviendo debido a la pandemia todo parece estar como en pausa, sin embargo, Dios trajo a mi memoria una escena de la película “Una noche con el Rey” que cuenta la historia de la reina Ester y que de hecho se celebra justamente en esta semana.

Para quienes no conozcan esta historia, escribí hace un par de meses una meditación de la serie de Mujeres de la Biblia y puedes verla aquí.

La escena que Dios trajo a mi memoria era acerca de la revelación de la identidad de Ester a su esposo el rey Artajerjes; hasta ese momento su procedencia había estado oculta por temor, sin embargo, por invitación de su tío Mardoqueo decidió revelarla  para salvar a todo su pueblo del edicto de muerte que un enemigo histórico había puesto para ellos.

Dios trajo a mi memoria esta escena de la película por un proverbio que se utiliza para hablar de la identidad oculta de Ester, el cual dice: 

Es gloria de Dios tener secretos, y honra de los reyes penetrar en ellos.

Proverbios 25:2

¿No te parece hermoso?

Hace poco hablaba con una persona acerca de una experiencia laboral en mi pasado; quizás cuando empecé a trabajar era una persona más descuidada y quizás hubo algunas oportunidades que por varias razones no supe aprovechar, sin embargo, desde que conocí a Dios en mi vida me hice muy consciente de lo importante que es hacer el trabajo que me han asignado bien y sobre todo, hacerlo bien no para mis jefes solamente, sino para mi jefe celestial, Dios.

Teniendo mi visión en Dios se me hizo fácil producir buenos resultados de alguna forma, tenía muy buenos comentarios de mis superiores, pero de alguna u otra forma parecía que, aunque estaban muy contentos con mi trabajo pues no querían promoverme a otra posición con la excusa de “eres demasiado buena en lo que haces ahora”, lo cual chocaba mucho con mis aspiraciones y sobre todo lo que yo había recibido como una promesa de Dios.

Al no ver los frutos que se suponía que debería de estar dando y que Dios me había prometido, comencé a dudar si en realidad era tan buena como ellos decían o sólo era un comentario de cajón porque simplemente no tenía habilidades para lo que estaba anhelando alcanzar, pero es que sucede que Dios me había hecho una promesa y cuando Dios habla de lo que eres, no es nada más por complacer nuestro oído, ya que Él es la verdad misma, toda palabra que sale de su boca es verdad y no regresa sin haber cumplido su propósito.

Así como la lluvia y la nieve bajan del cielo, y no vuelven allá, sino que empapan la tierra,

la fecundan y la hacen germinar, y producen la semilla para sembrar y el pan para comer, así también la palabra que sale de mis labios no vuelve a mí sin producir efecto, sino que hace lo que yo quiero y cumple la orden que le doy.

Isaías 55:10-11

¿Qué es lo que estaba pasando entonces?

Pasaba que como dice aquel proverbio, como tesoro Dios me había ocultado en cierta posición hasta que llegara el momento adecuado de tener una promoción y mientras estaba en este lugar oculto, al igual que aquella jovencita que se convirtió en reina, yo debía pasar por un momento de preparación.

Las jóvenes se preparaban durante doce meses: los primeros seis meses se acicalaban con óleo de mirra, y los otros seis con perfumes y productos de belleza propios de las mujeres. Después de ese tiempo dedicado al cuidado de su belleza, cada joven debía comparecer por turno ante el rey.

Ester 2:12

Como una confirmación de aquel análisis, hace poco estaba en mi reunión de servidores, cuando el líder de mi grupo comenzó a hablar de permanecer en su sitio hasta que Dios dijera lo contrario, pero lo hizo con esta advertencia:

“Es posible que exista un momento para retirarse del lugar en el que Dios nos plantó, pero no lo hará porque usted quiera huir de cierta situación que debe afrontar, sino que la indicación le llegará cuando usted esté en perfecta paz en el lugar que está”

Me hizo mucho sentido, sobre todo porque en aquel momento que no estaba dando las flores que debería entonces busqué por todos los medios posibles moverme sin ningún resultado, pero es que no me quedaba claro todavía que para que un árbol pueda producir un fruto debe de desarrollarse un poco, y ese tiempo es absolutamente necesario para llegar a la plenitud.

Y es que pueda ser que tu situación no se trate justamente de un trabajo, sino de quizás levantar un negocio, un divorcio o terminar una relación de amistad, problemas financieros o mudarte del país en el que estás; este principio se aplica para cualquier situación porque como dice una frase que anda circulando mucho últimamente, algunas veces Dios no quiere cambiar tu situación, aunque eso es lo que estás esperando, sino que está usando esa situación para cambiarte a ti y hasta el momento en que hagas el cambio que Dios espera y te encuentres en paz, entonces verás la mano de Dios actuar.

Pero no tendrán que salir a toda prisa, no tendrán que salir huyendo, porque el Señor, el Dios de Israel, los protegerá por todos lados.

Isaías 52:12

Es honor de reyes

Hace una semana, después del trabajo me fui a caminar a un parque cerca de la casa, allí me encontré las flores que están en la portada de este mensaje y mientras tomaba muchas fotos y sonreía al verlas, pasó junto a mi un señor muy extrañado de que yo tomara fotos hasta de las hojas verdes y es que debemos comprender que cuando tenemos la visión equivocada, podemos pasar por alto el grado de bendición que tenemos en frente.

¡Te alabo porque soy una creación admirable!

¡Tus obras son maravillosas, y esto lo sé muy bien!

Mis huesos no te fueron desconocidos cuando en lo más recóndito era yo formado, cuando en lo más profundo de la tierra era yo entretejido.

Tus ojos vieron mi cuerpo en gestación: todo estaba ya escrito en tu libro; todos mis días se estaban diseñando, aunque no existía uno solo de ellos.

Salmos 139:14-16

Una de las cosas más comunes para el ser humano es querer ser reconocido, muy bien lo decía San Agustín de Hipona cuando en cierta ocasión analizó que buscaba hacer algunas cosas en su vida sólo por tener la atención de los demás, pero ¿Qué tan sano es que queramos tener la atención de los demás todo el tiempo?

Cuando empecé el apartado anterior escribí que tuve que cambiar un poco mi visión acerca de quién era mi verdadero jefe en cualquier trabajo y con esto no quiero decir que todos los jefes son malos ya que he tenido por bendición tener algunos muy buenos, sino que en algunas ocasiones nos volvemos adictos a la aprobación de los demás y realmente debemos comprender que no todas las personas en nuestra vida están destinadas a ver las flores del Maquilishuat tan hermosas como las vemos nosotros.

Como Agar había hablado con el Señor, le llamó «el Dios que ve», pues se decía: «Dios me ha visto y todavía estoy viva.» También por eso el pozo se llama: «Pozo del que vive y me ve». Este pozo está entre Cadés y Béred.

Génesis 16:13-14

Si conoces la historia de Abraham y Sara, sabrás muy bien que Abraham tuvo primero un hijo con la ayudante de Sara llamada Agar y que cuando esta vio que se había vuelto un poco rebelde le pidió a Abraham que la despidiera, lo cual hizo de inmediato, sin embargo, Dios que todo lo ve, escuchó el llanto de aquella mujer en medio del desierto y es por lo que ella lo llama “El Dios que ve”

¿Sientes que a pesar de esforzarte mucho en cierta situación no recibes el reconocimiento que has estado esperando y aún más, recibes lo contrario?

Hace varios años durante un retiro de sanación comentaron un detalle en el que pienso hasta el día de hoy, dicen que las familias judías son muy reconocidas en el mundo debido a que suelen ser familias muy exitosas y con grandes ingresos económicos, esto gracias a una práctica que es muy buena tanto a nivel espiritual como psicológico; cada semana durante su Sabbat o día de descanso, se dedican a bendecir a sus hijos con palabras de afirmación lo cual produce un impacto psicológico que da mucha seguridad en Dios y en ellos mismos para lograr lo que sea la voluntad del Padre.

El reconocimiento es algo natural en el ser humano debido a que abona a nuestra autoestima como lo hace con los judíos, sin embargo, que nuestra autoestima esté basada en palabras de reconocimiento externas puede volverse problemático sobre todo si no estamos con las personas adecuadas, ya que como bien lo decía aquel proverbio, es únicamente honor de reyes saber reconocer algo que Dios mismo ha ocultado.

Debes aprender a verte de la manera en la que Dios te ve, te ve como la obra maestra de sus manos, como su mejor creación, que vale tanto que aceptó que su propio hijo muriera en la cruz del calvario en tu lugar y es cierto, quizás somos imperfectos con mucho que trabajar, pero aún así Dios mismo que ha creado tu esencia sabe que debes trabajar estas cosas no porque estés defectuoso, sino porque te ama demasiado y sabe que estas imperfecciones te dañan a ti mismo.

Todos caímos al suelo y oí una voz que decía en Hebreo:

Saulo, Saulo ¿Por qué me persigues?

Te estás haciendo daño a ti mismo, como si te dieras coces en el aguijón.

Hechos 26:14

¿Quieres saber algo más?

Debido a que Dios es el Dios que ve, si sientes que alguien(inclusive tú mismo) está resaltando demasiado tus defectos en lugar de tus virtudes tal como le pasó a Agar antes de su destierro en el desierto,  debes saber que Dios  ve hasta el más mínimo detalle en ti y sabe lo que estás haciendo, pero lo más importante es que Él piensa que lo estás haciendo bien.

Yo sé todo lo que haces; conozco tu amor, tu fe, tu servicio y tu constancia, y sé que ahora estás haciendo más que al principio

Apocalipsis 2:19

Después de tres años de espera de aquellas hermosas flores, un día de repente me llamó mi madre para mostrarme algo con mucha emoción, finalmente en la punta del árbol se podían observar las primeras de un color rosa pálido y es que era la confirmación que no necesitaba, pero que era necesaria para saber que aquel árbol de verdad era un Maquilishuat. 

Deja de cuestionar quién eres y lo que puedes lograr, darás las flores e incluso los frutos en el momento adecuado, tú eres ese Maquilishuat aunque sólo hayan hojas verdes…

¡Esfuérzate y sé valiente!

Feliz el hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni va por el camino de los pecadores, ni hace causa común con los que se burlan de Dios, sino que pone su amor en la ley del Señor y en ella medita noche y día.

Ese hombre es como un árbol plantado a la orilla de un río, que da su fruto a su tiempo y jamás se marchitan sus hojas.

¡Todo lo que hace, le sale bien!

Salmos 1:1-3


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